La Sevilla romana

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Columnas romanas en la calle Mármoles.

«Hercules me fundó, Julio Cesar me cercó de muros y torres altas y el Rey Santo me ganó con Garci Perez de Vargas», decía una inscripción en la Puerta de Jerez. Sevilla siempre ha tenido claro el importante papel de la civilización romana en su historia y su fisonomía, desde la antigua Ispal cartaginesa fue conquistada y convertida en Híspalis. Una ciudad romana de la que se conservan testimonios a pie de calle.

Uno de los vestigios más sorprendentes por su localización son las columnas de la calle Mármoles, que pertenecían a un antiguo templo romano. Se conservan tres pilares que brotan bajo el nivel actual de la calle entre edificios. Originalmente eran seis, pero las otras tres se utilizaron para la urbanización de la Alameda de Hércules en el siglo XVI (una se malogró por el camino).

Para una aproximación más didáctica a los años de la Sevilla romana hay que visitar el Antiquarium, un auténtico yacimiento romano bajo el moderno Metropol Parasol. Y por supuesto, visitar el Museo Arqueológico de Sevilla, que cuenta la historia de la provincia.

No obstante, un sencillo paseo por el centro de Sevilla basta para hallar nuevos vestigios prestando un poco de atención. Es el caso de las lápidas romanas utilizadas en la construcción de la Giralda. Y en el imaginario colectivo, la asociación de grandes emperadores como Trajano y Adriano que nacieron en la vecina Itálica (en la actual Santiponce), más Teodosio el Grande, cuyo nacimiento es situado por diversos historiadores entre Itálica e Híspalis.

Y para rememorar este rico pasado con las comodidades del presente, toda la atmósfera de las termas romanas sigue vigente en Las Termas de Híspalis, el spa que debes visitar en Sevilla para remontarte a aquellos días en un relajante circuito termal.

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Antigua casa romana en el Antiquarium de Sevilla.