Arco del Postigo

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Arco del Postigo del Aceite en Sevilla (foto de Sandra Vallaure)

El Arco del Postigo (en realidad Postigo del Aceite) es uno de los pocos accesos que se conservan de la antigua ciudad amurallada. Sevilla contó con murallas desde tiempos de los romanos, con diferentes modificaciones en las distintas épocas, pero fue en el siglo XIX cuando fueron derribadas definitivamente en casi su totalidad. Se conserva parcialmente esta entrada, situada en una de las zonas históricas de mayor dinamismo como el Arenal, junto al río Guadalquivir, con lo que eso significaba en cuanto a actividad comercial y militar.

El arco fue construido en 1107, conocido como bad al-Qatay, o sea, «puerta de barcos». Y de hecho linda con las Reales Atarazanas, donde se construían. Más adelante cambió a postigo del aceite, de la alhóndiga o de la aceituna, por ser el acceso de estos productos.

En el siglo XVI (hacia 1572-73), el arquitecto Benvenuto Tortello recibió de Francisco Zapata y Cisneros, I Conde de Barajas (el mismo que promovió la Alameda de Hércules), el encargo de reformar el postigo. Y la siguiente modificación sustancial no llegó hasta el siglo XVIII, cuando se incorporó una pequeña capilla, que alberga un retablo barroco con una imagen de la Inmaculada Concepción atribuida a Pedro Roldán.

A pesar de su carácter secundario, menor, tiene el valor de ser uno de los pocos accesos del conjunto amurallado que se conservan al completo. El otro es la Puerta de la Macarena, junto a la Basílica. De manera parcial se conservan restos de lo que fue la Puerta Real, la Puerta de Córdoba y el Postigo del Carbón.

Y claro, tiene el interés de ofrecer cada Semana Santa una pintoresca estampa de las cofradías, con toda su estrechez y su ubicación estratégica en el centro de Sevilla.

 

Foto de Sandra Vallaure con licencia Creative Commons

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