La Sevilla de Fígaro

Escenografia Carmen Laffon barbero Sevilla

Escenografía de Carmen Laffón para «El barbero de Sevilla»

El barbero de Sevilla se estrenó en Roma el 20 de febrero de 1816 y a lo largo de estos dos siglos se ha representado en los principales escenarios del mundo, llevando el nombre de Sevilla al gran público como uno de los títulos imprescindibles de la historia de la ópera. Sevilla, sí, pero ¿qué Sevilla?

Antes que Rossini fue Beaumarchais. En 1775, el dramaturgo francés publicó El barbero de Sevilla como el primer acto de La trilogía de Fígaro, una comedia que denunciaba los matrimonios a la fuerza. Sobre esta historia, y con libreto de Cesare Sterbini, Rossini compuso en tiempo récord su ópera bufa en dos actos. Y para escenificar semejante tema, la Sevilla decadente del siglo XVIII funcionaba a la perfección.

En la producción del Teatro de la Maestranza, la escenografía de Carmen Laffón y Juan Suárez trata de reflejar la ambientación real de la trama, alejada de las imprecisiones e inexactitudes de otros montajes. Esta adaptación muestra, a través de los decorados, la iluminación y el vestuario, la Sevilla romántica que los viajeros del siglo XIX venían reclamando.

De hecho, se dice que aquellos visitantes de la ciudad pedían ser llevados hasta la barbería de Fígaro o la misma casa de Don Bartolo, como si se tratara no ya de escenarios históricos sino reales y contemporáneos. En tal caso habría que haberlos conducido por los itinerarios que Sevilla de Ópera confeccionó a partir del mítico personaje: algunos autores sitúan su casa cerca de la Catedral y localizan muchas de sus peripecias en el barrio de Santa Cruz; el Balcón de Rosina, ese que escala el conde de Almaviva, está situado en la Plaza Alfaro.

El barbero de Sevilla del Maestranza es capaz de mostrar de manera realista y poética a un tiempo una Sevilla luminosa, colorista y elegante, como la que los viajeros del XIX anhelaran desde las primeras representaciones de esta obra universal.