La Niña de los Peines

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El nombre de Pastora María Pavón Cruz (Sevilla, 1890-1969) está escrito en las páginas más ilustres de la fascinante historia del flamenco. O mejor su nombre artístico, La Niña de los Peines. Hija y hermana de cantaores, casada asimismo con un cantaor, Pastora ayudó a configurar y a popularizar el arte jondo en una etapa decisiva, y lo hizo a base de seguiriyas, tangos, peteneras, bulerías y soleás. Prácticamente cualquier palo del cante, gracias a su virtuosismo, su versatilidad y su privilegiada voz, que le dio para crear estilos nuevos como la bambera.

Se estrenó a los 8 años en una caseta de la Feria de Abril –¿cómo sería aquella feria del Prado del año en que España perdió sus últimas colonias en América y se sumía en la crisis de fin de siglo?–, y a los 11 debutó en el Café del Brillante de Madrid.

Gitana, alamedana, llegó a destacar por encima de su padre, Francisco Pavón Cruz, ‘El Paiti’, sus dos hermanos, Tomás Pavón y Arturo Pavón, y su marido, Pepe Pinto. Cultivó amistad con los artistas más célebres de su tiempo, como Manuel de Falla, Julio Romero de Torres o Federico García Lorca. Y por supuesto con el resto de figuras del flamenco, como Manolo Caracol, Pepe Marchena y Antonio Chacón, o los guitarristas Ramón Montoya y Melchor de Marchena.

Su «voz de sombra», «de estaño fundido», «voz cubierta de musgo», como la describió Lorca, quedó registrada en 258 cantes en discos de pizarra que nos permiten disfrutar hoy como ayer de aquel tremendo talento de La Niña de los Peines.