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Monasterio de la Cartuja de Sevilla

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Monasterio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas, en Sevilla.

Hoy lo conoces por ser sede del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, CAAC; de la Universidad Internacional de Andalucía, UNIA; o del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, IAPH; además de festivales como Territoros o ciclos de conciertos como Nocturama. Sin embargo, el Monasterio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla, o simplemente Monasterio de la Cartuja, cuenta con una larga y rica historia repleta de momentos sorprendentes.

Formalmente, se trata de un edificio que bascula entre lo gótico-mudéjar y lo barroco, además de la arquitectura industrial añadida en el siglo XIX. Su portada principal (en la imagen superior) es barroca, obra de Ambrosio de Figueroa en el siglo XVIII.

En este emplazamiento ribereño del Guadalquivir se instalaron desde antiguo hornos alfareros almohades. Cuenta la tradición que en uno de ellos apareció en 1248 la imagen de una Virgen, que fue denominada por tanto la Virgen de las Cuevas. La leyenda explica que se instaló una ermita franciscana para venerar la imagen y, en 1399, se amplió el templo y la finca con la creación del convento.

Vista panorámica del Monasterio de la Cartuja (Foto: CAAC)

Vista panorámica del Monasterio de la Cartuja (Foto: CAAC)

En este monasterio descansó en varias ocasiones Cristóbal Colón (y aquí se depositaron sus restos durante treinta años), como también fue lugar de retiro de Felipe II y parada habitual de todos los reyes de paso por Sevilla. Entre sus muros se custodiaban obras de artistas como Alejo Fernández, Durero, Montañés, Mesa, Murillo, Cano, Zurbarán, Pedro Roldán o Duque Cornejo, entre otros.

Con la invasión napoleónica, en 1810, los monjes cartujos fueron expulsados y el monasterio fue transformado en cuartel por el ejército francés. Con la Desamortización de Mendizábal y ya bastante deteriorado, las instalaciones fueron adquiridas por el comerciante inglés Charles Pickman que, en 1841, instaló en el convento una fábrica de loza y porcelana china. Las chimeneas que dibujan la figura del monasterio dan buena cuenta de esta transformación.

Aunque la actividad fabril continuó hasta 1986, para la Exposción Universal de 1992 se consiguió rehabilitar el edificio y en 1997 se le dotó de una nueva función: la de museo.