Gracias, Triana, por la soleá

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Rayuela por soleá en la Plaza Nueva

La soleá es uno de los palos más extendidos y aclamados del flamenco. Una estrofa de tres o cuatro versos en compás de tres por ocho, a menudo de tema moralizante o nostálgico, pero también abierto a temas cotidianos. Demófilo la consideraba como una evolución de un cante de acompañamiento al baile llamado jaleo. En realidad de ahí surgió todo, o buena parte de lo que después ha sido el cante flamenco. Otras fuentes relacionan el origen de la soleá con el fandango. En todo caso, se han llegado a contabilizar hasta 42 variantes en Triana, donde nació.

Tratándose del arrabal, míticos cantaores como El Paneta y El Fillo andarían por ahí en el siglo XIX. Y luego El Nitri y Silverio. Pero se atribuye a la Andonda la conservación de la tradición oral que da como resultado la soleá. Muchos cantaores vinieron después, con Paco Taranto como uno de los últimos de una larga lista de trianeros que han llevado la soleá a lo más alto.

En los inciertos y misteriosos orígenes del arte jondo, con Sevilla como una de las cunas del flamenco, no extraña escuchar que Triana suena diferente que la Alameda o la Macarena, siendo todo la misma ciudad. La seguiriya, la toná, pero sobre todo la soleá se la debemos a Triana.

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