Pinturas de David Noalia en Puerta Catedral Art Gallery

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Permanente

David Noalia exhibe en Puerta Catedral Art Gallery parte de su producción pictórica más reciente. Es un trabajo que organiza en tres áreas temáticas: el ser humano, el toro y el caballo. Todo en formato cuadrado de 80×80, 120×120 o hasta 180×180, sobre lino belga, que ha elegido para poder aplicar acrílicos y algunas notas de óleo sobre un soporte más resistente.

En su obra conviven la figuración y la abstracción, la primera como base, la segunda como aspiración. Esta conversación entre ambos planos está en continua fricción, pues en cuanto la mirada reconoce la figura, la balanza se inclina por ella, pero pervive siempre la vocación por insinuar y evocar a través de trazos y manchas en una nebulosa que contiene al conjunto. «Es una obra muy de nuestra cultura, de un costumbrismo contemporáneo», expresa David Noalia, que también atribuye rasgos expresionistas e impresionistas a su trabajo.

En la serie dedicada al ser humano, el autor confiesa que le interesa trasmitir su esencia «a través de la mirada». Parte de imágenes muy penetrantes y muy serias, con una mirada de gran dureza que necesita amortiguar a través de colores muy vivos.

Los otros dos temas tienen un punto en común: el movimiento. Aunque el tratamiento difiere. «Me interesa el toro como animal y como símbolo, no desde el punto de vista taurino sino para plasmar el movimiento. En cuanto al caballo, también el movimiento pero con la diferencia de que está dominado, hay un jinete». Y con matiz: «A la hora de reproducirlo, el jinete es impersonal, hay una rienda que marca la dominación, pero la figura del jinete es casi imperceptible. Paralizo la imagen, me centro en un punto y deconstruyo la instantánea: cuando llegas al jinete, la figura ya está descompuesta».

En todo momento, trasciende un tratamiento de la pintura influida por la cultura de la imagen, impulsada a través de la popularización de la fotografía. «Nuestro cerebro es reflejo de los estímulos que recibimos. Si hoy todo el mundo tiene Facebook, tiene Instagram, tiene redes sociales… nuestro cerebro ya está hecho a esas imágenes. La fuerza de mi pintura, la saturación de los colores y esos contrastes cromáticos que se pueden encontrar pueden ser fruto de cómo mi mente se ha adaptado a todas esas imágenes a las que estamos expuestos. Está claro que si Leonardo da Vinci hubiera tenido la tecnología que tenemos hoy no habría pintado como lo hizo en su época».

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